Ira

Me la he follado

Begoña Arnaldes Alonso.

La falsedad de la Transición se nos ha mostrado en los telediarios en demasiadas ocasiones, con la legalidad del sistema político que heredamos del Franquismo. Por la violencia de género muy poco han hecho los partidos políticos, que en la nueva legislación han preferido tener en cuenta al cuerpo policial para elaborar la ley antes de a las asociaciones feministas, que es adonde acuden las víctimas y las auténticas conocedoras de la situación de violencia gestada en su entorno.

En el caso flagrante de una violación como la de San Fermín, espectáculos vergonzosos se observan en las cadenas matutinas aprovechando la situación de una joven víctima “que trata de reconstruir su vida”. “El Español”, que hace honor a su nombre, es directamente responsable del doloroso proceso de una muchacha que llegó a las fiestas el primer día, se encontró con cinco sevillanos con tal punto de golfería y falta de empatía que, al parecer, debería haberles insinuado siquiera que parasen cuando la rodearon en un portal, la violaron y la abandonaron desnuda después de robarle el móvil. ¡Tremendo!
Artículos como este solo me recuerdan a la época en la que tras el golpe de Estado del general Franco, se inició un proceso de depuración que en el caso de las mujeres fue doble, ya que incluía violaciones tras ser secuestradas y antes de ser asesinadas. Los medios del régimen animaban a que las republicanas “conocieran lo que era un hombre de verdad, y de nada les servirá gritar o patalear”; cultura de la violación en estado puro que ha ido impregnando a esas generaciones a través de los roles sociales, la escuela y la iglesia: la mujer violada se lo merecía por su actitud liberal, su forma de vestir o por frecuentar ambientes no recomendables; de esta herencia también tuvo la culpa Franco, ese poso de machismo ibérico que prejuzga a la víctima, cuestionándole que quiera vivir y protegiendo a los hombres; “Soberano es cosa de hombres”, decía la leyenda etílica y a las que han violado, “es que lo estaban deseando”; y esto es justo lo que se está juzgando en la Sala 2 de la Audiencia de Navarra. El “me la he follado” ha estado tan bien visto como engañar a Hacienda. Somos país de violadores y de defraudadores.
El cuestionamiento genera debate y sin debate, no hay programa. Al fomento de estas conductas se han sumado televisiones que en tertulias opinan cómo debería comportarse o cuestionan el intento de supervivencia de una joven víctima poniéndole una detective. La agencia se llama Cassol y aquí se sabe quién es la dueña. A raíz de las imágenes captadas los días posteriores, TVE presumía de ser el programa más completo por contrastar las dos versiones y enseñar fotografías veladas de la joven y del entorno cercano a su residencia. La próxima semana, antes de que acabe el juicio, les propongo una de defensa de la ética periodística, a ver si pueden salir del trance con un poco de dignidad.
Las conductas posteriores nunca sirven para poner en tela de juicio si hubo o no agresión sexual. Especialmente torpe fue Nacho Abad, de la estupenda Antena 3, al que solo se le ocurrió para empatizar con el caso que plantear responder a una encuesta en su cuenta de Twitter: ¿violación o relación consentida? Hay algunos que cuando escriben 140 caracteres tienen que parar.
El verdadero problema es que, aunque existan las leyes, la interpretación que se hace de la víctima saca a flote la España cañí donde la violencia de género está bien para ser políticamente correctos ante la cámara pero sobra “porque le quita derechos a los hombres”. Hipócritas de salón de “violada en casa y con la pata quebrada”. ¿Qué nos queda en este país, que incita a la denuncia pero luego deja desvalida a la víctima?. #JusticiaPatriarcal gritaban las redes sociales. Hermana, yo sí te creo. Y si no se hace justicia con estos cinco violadores que achacan la denuncia a que no le pagaron una cerveza después, por lo menos nos quedará el consuelo de conocer sus caras y tener claro que esto es una guerra y que necesitamos estar unidas para seguir vivas e indemnes en un sistema que solo nos utiliza. ¡Suerte!

 

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